Un verano más termina y el otoño comienza a ocupar su lugar, los vientos frescos del norte y las hojas cafés cayendo de los árboles de maple me incitan a recordar una cosa y luego otra y otra más; Entre la gran ola de memorias viene a mi cabeza tu imagen y la forma en que te conocí. Trato de recordar la forma de tu rostro y revivir tu mirada pero me resulta cada vez más difícil, mi ser no sabe ya como mirar en la oscuridad del pasado donde viviste tú.
Apareciste en mi vida inesperadamente, con tu enorme sonrisa y tu sensual piel color arena, el color miel de tus ojos redondos obstruyeron cada uno de mis sentidos y me dejé llevar por la tentación de la aventura que me prometiste vivir, mi voluntad desapareció por completo y deje de ser yo para convertirme en quien tú querias mirar en mí. Siempre estuve dispuesto a seguir tus pasos, caminé por las más cálidas tierras e ignoré el ardor en mis quemados pies, mis labios secos por el calor solo podían rehidratarse en tus labios y aunque la piel de mi espalda comenzara a caer, las palabras de tus labios animaban mi camino como una velada romántica es animada por el sabor de una buena canción.
Juré al mundo que eras el ángel que Dios habia enviado para marcar mi destino y que serías la eterna luz iluminando mi camino; grité a Satanás que nunca pisaría sus infiernos y afirmé estar muy lejos de él, pero olvidé que el demonio fue ángel de luz una vez y que los demonios pueden ser hermosos a la vista también... Y creí estar enamorado de ti... y te besé a ti y besé al Diablo, y me abrazaste tú y me abrazó el pecado y me dejé guiar a los infiernos, y el calor del infierno quemaba mi cuerpo a traves de tu cuerpo, tú me distraías con palabras mientras moría mi alma, y no tenía vida aunque la tenía...
Me arrastraste por los arenosos deciertos y no me resistí pues la música proveniente de tu boca aletargaba mi juicio, hasta que un día desperté y me cansé de ti y quise dejarte ir, pude ver tu cuerpo de arena unificarse con el viento para convirtirse en tormenta y la ví furiosa acercarse a mí, y supe que eras felíz al alejarte de mí, pues tu compromiso fue siempre con el viento y nunca con mi corazón, y aun así regresaste a mi ya que que tu soberbia no te permitía sólo dejarme ir, y arremetiste contra mí una y otra vez, mis ojos no podían ver pues en complicidad con el viento me impedías la visión mientras la arena de tu cuerpo lastimaba mi piel, una gran tormenta fue aquella hasta que por fin te alejaste de mí, y cuando ya te habías ido pude por fin ver otra vez y me ví a mí, con raspones y cortadas pero de pie, y escuche a Dios decir mi nombre y seguí de pie, y estando con Dios a mi lado pude ver de nuevo que seguí de pie, pues al final de la jornada y a pesar de la tempestad yo seguiré siendo aquel que vino del mar y tu seguiras siendo la arena que vuela sin poder encontrar su lugar.