Y tras un largo silencio, iluminados por la tenue luz del amanecer, la estatua del joven azul por fin se atrevió a decir:
“Hoy debo dejarte ir, no por que así lo quiera sino por que se es lo que quieres tu, conciente estoy de que en mi no has encontrado lo que yo encontré en ti y que mientras duro me hizo muy feliz”
“Vuela ahora, mi amado colibrí, Vuela alto y lejos y sin temor aléjate de aquí, Aletea fuerte como en la fría mañana en que por casualidad llegaste a mi y si quieres, ignora el dolor de mi corazón, se que para dejarme tienes una buena razón, y espero que la alegría que arrebatas de mi vida no detenga tu tan buscada partida”
El colibrí contemplo la estatua del joven azul por un instante para después partir sin jamás mirar atrás. El corazón de la estatua del joven azul comenzó a latir tan rápido y tan fuerte como nunca antes produciendo un calor sin igual, dicen los habitantes de aquella ciudad que el calor fue tan grande que la estatua entera se derritió, dejando en su lugar solo una masa de roca sin figura que nadie volvió a mirar.